Alucinaciones y delirios. Pautas de abordaje


Los delirios son ideas falsas que la persona cree y sostiene con firmeza. Los delirios más frecuentes tienen como base la desconfianza (por ejemplo, «me han robado mi dinero»; » mi marido me engaña con otra»… ). Hay algunas enfermedades psiquiátricas que cursan con delirios, la naturaleza de los mismos puede orientar al médico hacia su causa. Pero cuando los delirios ocurren en una persona con daño cerebral (ictus o infartos cerebrales, demencia..), se consideran secundarios a la lesión del tejido cerebral y un síntoma de enfermedad.  Algunas veces los delirios son malinterpretaciones de la realidad, otras veces están ligados a las experiencias que la persona vivió en el pasado. Pero debemos tener en cuenta que no todas las cosas extrañas que la persona enferma dice son delirios (ver: desconfianza; ver: «fantasmas» del pasado)

Las alucinaciones son experiencias sensoriales reales para la persona que las percibe, que las personas de su entorno no perciben. Lo más frecuente es escuchar voces o ver cosas, ocasionalmente pueden también sentir u oler cosas. Las alucinaciones son un síntoma, al igual que la fiebre, que puede tener múltiples causas, muchas de ellas tratables. En una persona anciana las alucinaciones no son necesariamente un indicador de una demencia, sobretodo si aparecen en una persona que previamente ha estado funcionando bien. Algunas medicaciones pueden inducir alucinaciones en gente sana. Los procesos de enfermedad grave también pueden inducir alucinaciones. El primer paso es informar al médico siempre de estos síntomas para identificar su causa.

Cuando los delirios y las alucinaciones ocurren como síntoma de una demencia, dosis bajas de medicación pueden ayudar a disminuir la ansiedad de la persona enferma y a aliviar la sobrecarga que sufre el cuidador frente a estos síntomas. Pero sobretodo, debemos de tratar de reaccionar con calma para no alterar más a la persona enferma.

No debemos negar la experiencia que la persona esta viviendo y no debemos discutir con ella al respecto. Recordemos que para la persona enferma esta experiencia es real. Tampoco tenemos que reforzar dicha experiencia, por lo que no mostraremos acuerdo ni desacuerdo; simplemente escucharemos o daremos una respuesta que no nos comprometa. Por ejemplo, «no puedo escuchar las voces que tu oyes, pero imagino que deben de causarte mucho miedo». Algunas veces puede funcionar tratar de distraer a la persona, de forma que olvide su alucinación. Por ejemplo, «vamos a la cocina a tomar una taza de leche caliente» (es posible que cuando regrese al dormitorio ya no vea a personas extrañas en el mismo).

A menudo resulta reconfortante establecer contacto físico con la persona, siempre y cuando no lo malinterprete de forma amenazante o restrictiva; para evitarlo, podemos pedirle permiso. Por ejemplo, «te veo muy nervioso, ¿te ayudaría si te doy la mano?».

 

Fuente: NL Mace, PV Rabins. The 36-hour Day. A family guide to caring for persons with Alzheimer Disease, Related Dementing Illnesses and Memory Loss in Later Life. Johns Hopkins University Press, 3rd Ed. 1999

 

 

 

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Autor: Patricia Gracia García

Sin planificarlo demasiado y atraída por las ciencias de la salud, realicé la carrera de Medicina en la Universidad de Zaragoza, 1998-2004. Cuando empecé a tratar con pacientes en cuarto de carrera, decidí ser médico. Tras mis prácticas de Psiquiatría, e inspirada por mis profesores, decidí ser psiquiatra. Cuando termine la carrera, decidí quedarme en mi ciudad a hacer la especialidad, y elegí el Hospital Clínico Universitario de Zaragoza (HCUZ), 2005-2009. Me apasionan la Neuropsiquiatría y la Psicogeriatría, y durante la residencia hice un rotatorio de 4 meses en el Johns Hopkins Hospital (Baltimore, USA). Mi tesis doctoral (Universidad de Zaragoza, 2012) y la mayoría de mis trabajos están centrados en este campo. Además, hice el Master en Neuropsicología Clínica (Universidad Pablo Olavide, Sevilla, 2014). En psicoterapia, la única formación “reglada” que he realizado es un postgrado de psicoterapia en la UNED (2012-2013), con una orientación integradora, que es con la que más me identifico. Pero alegaré que soy muy empática, humanista, y “psico-social” (estos adjetivos me los han dicho diferentes compañeros y amigos; y como este currículum no exige certificados, me los adjudico). Desde que termine mi formación en 2009, trabajé como psiquiatra durante 1 año en la Unidad de Hospitalización del HCUZ (2012-14) y el resto del tiempo en Unidades de Salud Mental, desde febrero de 2017 en el Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza. También me gusta mucho la docencia, y soy Profesora Asociada de la Universidad de Zaragoza desde el año 2014. El refuerzo de los alumnos cada curso es de las más grandes gratificaciones que tiene mi trabajo (por detrás de VER (que no sólo OIR) a mis pacientes mejorar y reducir su sufrimiento).

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